Similitudes
Un perro que lloraba angustiosamente me despertó. Durante un largo rato aullaba como pidiendo ayuda. ¿Que no pueden llorar los perros? Parece que si lo hacen y que sienten tanto como nosotros. Ellos saben reconocer en los rostros la maldad y pueden identificar con el olor a su dueño. Son conocedores de la naturaleza, nos advierten del peligro y se asustan como nosotros. Cuando se defienden sus garras y dientes no les fallan. El instinto los protege. Sus parientes, los lobos, les enseñaron a sobrevivir de noche.
La mirada de un perro es tierna y piadosa. Si te conocen bien, te saltan encima, y se acurrucan en tus brazos. Si sienten un intruso pueden ser agresivos, violentos y atacar sin piedad. Cuando un perro está perdido, sigue a quien siente que puede acogerlo en su casa y su corazón. Pero esto casi nunca ocurre y por eso vemos tantos huérfanos por las calles, vagabundos sin hogar. Esta ciudad está llena de jaurías de perros últimamente. Entre ellos mismos se cuidan, buscan comida, se reproducen.
Perros y humanos, no somos tan distintos.
Fotografia original de Aleksandra Radonić.


